“En definitiva los alumnos están construyendo un proyecto personal y la idea es formarlos para la vida”

Jueves, Junio 30, 2016 - 17:31
Con trece años de trayectoria en el establecimiento, Glacy ha sabido incorporar los principios de la educación personalizada para liderar a los docentes en torno a un sello pedagógico centrado en la autonomía del estudiante.

“En su aspecto personal, yo destacaría su alegría y positivismo, que me parecen algo fundamental. Además, ella es muy empática y se pone en el lugar de sus profesores, entregándoles mucho cariño. Eso le permite ir construyendo una relación muy agradable y cercana con todos”. Así describe Ana María Sánchez, rectora del Colegio San Francisco de Paine, a su coordinadora de enseñanza media, Glacy Torres. A través de este cálido sello personal, Glacy ha ido dejando una huella en la comunidad escolar, desde que llegó como profesora de matemáticas el año 2003.

Llevaba siete años trabajando en un colegio de la comuna de Macul, donde finalmente le ofrecieron dejar la sala de clases para convertirse en inspectora. Tras cumplir un año en el nuevo cargo, y luego de egresar a los alumnos de su última jefatura de curso, Glacy supo por una amiga que necesitaban a una profesora de matemática en un colegio de Paine. “Sentí que ya estaba cerrando un ciclo y que mi misión era otra, así que acepté la nueva oportunidad y me vine a trabajar acá. Pero jamás pensé que iba a llegar a una coordinación”.

Afirma que no le gustó la experiencia como inspectora, “porque sentí que no era lo mío y que no fue bueno salir del área académica. En cambio, cuando acá me ofrecieron la coordinación fue distinto, porque seguía en contacto con los niños”. Y es que estar estrechamente vinculada con la enseñanza es lo que Glacy identifica como su vocación. “Los reemplazos de matemática los cubro yo y me encanta volver a interactuar con los alumnos, es entretenido. También me gusta acompañar a los profesores en sala, porque veo cómo funcionan sus clases y cómo se comportan los niños. A ellos les gusta eso también, porque están acostumbrados y lo entienden como una preocupación. La verdad es que nunca quiero perder ese contacto con lo que está pasando en la sala de clases”.

Como profesora de matemática en el Colegio San Francisco Glacy se encontró -y se encantó- con una nueva forma de aprender. “Fue muy entretenido porque ya desde esos años el colegio trabajaba la educación personalizada, que se basa en los principios de la apertura, la autonomía, la trascendencia y la singularidad. La idea era -y sigue siendo- dirigir a los alumnos para que aprendan a ser autónomos y a tomar sus propias decisiones. Eso significa que tenemos que preparar material especial y desarrollar una clase muy distinta a la que se hace en un colegio tradicional”, señala.

En lugar de la típica clase expositiva, a la que Glacy estaba acostumbrada, se encontró con un enfoque que incentiva el que los niños participen e interactúen. “No es el profesor quien habla al frente, sino que el trabajo debe ir dirigido a desarrollar habilidades en los alumnos, a través de un trabajo personal en el que cada niño se enfrenta a una guía, trabaja y aprende por sí mismo, regulando sus propios tiempos y ritmos. Ahí la idea es que los estudiantes se den cuenta solos en qué se equivocaron y como corregirlo, mientras el profesor está ahí para orientar. Ese es el objetivo del trabajo personal”.

Aunque puede parecer simple, Glacy asegura que manejar la enseñanza bajo esta metodología también implica importantes desafíos. “Cuando llega un profesor nuevo es difícil enseñarle la forma de trabajar, porque en la sala existe libertad, pero es uno quien la controla como adulto. Tenemos que enseñar a los docentes a regular eso, porque los niños son niños y está bien que haya un grado de confianza para que puedan decir lo que les pasa, con todo el respeto del mundo, pero dándose cuenta de que el profesor es la autoridad”.

De profesora a coordinadora

Tras cuatro años de labor en aula en el establecimiento de Paine, el año 2007 Glacy fue nombrada coordinadora de enseñanza media. Era un momento de nuevos aires y cambios en el equipo de gestión, al comenzar la asesoría y el trabajo conjunto con EducaUC. Desde entonces su foco no fueron sólo los estudiantes, sino que principalmente los profesores, teniendo como misión mantener y consolidar el importante sello pedagógico que distinguía al colegio. “Ha sido una labor muy bonita y me ha gustado mucho trabajar con profesores. Al comienzo, lo más difícil fue tener que trabajar con quienes habían sido mis pares, en un nuevo rol como equipo directivo, pero ellos fueron bastante colaborativos. Aunque me costó asumir este nuevo rol de jefa, me gustó la experiencia de prepararlos para este nuevo sistema educativo y entregarles apoyo”.

En su labor como coordinadora, fue clave también entender la importancia del trabajo en equipo. “Otro desafío importante fue tener que coordinar a profesores de disciplinas que no manejo, pero eso también me ha permitido aprender mucho de otras áreas, como lenguaje o historia. Cuando me entrevisto con ellos son muy receptivos y abiertos a aprender, me explican lo que quieren hacer, les doy sugerencias de actividades, y vamos aprendiendo a través de la experiencia”, señala. En esta misma línea, la rectora afirma que “en cuanto a lo profesional, Glacy es una persona que no deja absolutamente nada al azar. Aunque es profesora de matemática, por lo que le apasiona esta área, siempre se preocupa de ver qué está pasando con las asignaturas humanistas”.

Y es que en el Colegio San Francisco de Paine se respira una atmosfera de amistad, colaboración y vida en comunidad que, sin duda, facilita la labor en el día a día. “En general somos bien unidos como equipo. Conversamos harto y si hay alguna diferencia uno también la dice, porque hay confianza, entonces es rico el grupo de trabajo. Yo creo que también en el equipo de gestión todas tenemos formas de ser distintas y eso nos ha ayudado a complementarnos, entonces ha sido una relación de mucho apoyo y confianza”.

Educar para la vida

Glacy fue de esas pocas personas que tienen la suerte de descubrir su vocación tempranamente. “Siempre me gustó hacer clases. De niña jugaba a ser profesora y en la enseñanza media, cuando estudiábamos, siempre era yo la que dirigía o explicaba a mis compañeras. Tenía claro que quería estudiar matemática y que me gustaba enseñar”. Compartió con su padre, quien era contador, la pasión por los números, y aunque en algún momento consideró estudiar ingeniería descartó esa opción al imaginar su futuro laboral tras un escritorio. “Me veía necesariamente trabajando en contacto con otras personas”, recuerda. Fue un honor para ella estar entre los quince alumnos que terminaron la Licenciatura en Matemática (de un total de 120 que comenzaron la carrera), con lo cual pudo demostrar a uno de sus profesores que aquella no era una “carrera para hombres”.

Aunque tiene claro que la pedagogía implica muchos sacrificios cotidianos, asegura que estos siempre encuentran una retribución mayor, cuando se tiene claro el norte. “Esta carrera es una vocación y requiere de muchas ganas. Es verdad que, para todo lo que el profesor tiene que hacer, el tiempo es escaso, pero yo creo que uno tiene que tener claro cuál es el objetivo. Estamos preparando el futuro de niños y jóvenes que van a seguir construyendo nuestro país, con todos los cambios que se vienen. Entonces yo creo que lo principal es no perder el norte, que son nuestros alumnos. A veces uno se cansa, pero el fruto de nuestro trabajo está aquí y ellos deben ser la inyección de energía. Tenemos claro que lo hacemos por vocación y porque nos gusta saber que estamos formando personas y que cada uno de ellos es un proyecto de vida. Eso tiene otro tipo de pago”.

Por ello es que enfatiza en la importancia de trabajar para una educación integral, que debe ser valorada más allá de los resultados académicos. “Nosotros siempre planteamos que el rendimiento en el Simce debe ser una consecuencia de nuestro trabajo, pero no nos estamos preparando para obtener un resultado, porque al final los alumnos están construyendo un proyecto personal y la idea es formarlos para la vida. Cuando vienen los ex alumnos y nos dicen que para ellos entrar a la universidad fue como la continuación del colegio y que no les resultó difícil, sentimos que la misión está cumplida. Es lindo verlos como profesionales, que han formado familia y que son buenas personas, gracias a todo el esfuerzo que se hizo en el colegio. Eso es muy grato”, concluye.

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